en una primera aproximación teórica (que surge apenas uno escucha el disco) podemos decir que mucho es un disco con claros subgrupos de canciones: las baladitas para minitas (cómo eran las cosas, nosotros, las demas), los temas es sólo una cuestión de actitud (cuello rojo, estoy rabioso) y los que quedan afuera de esta tipología y me gustan (yo anuncio, pijamas, microdancing).
me gusta el disco. no es oohhhh, pero me gusta. son píldoras filosóficas, y en ese sentido respeto el proyecto: sacar discos medio estándar pero con letras increíbles para hacer un mundo mejor. lo que ya nunca nos darán es la experiencia de la heterogeneidad. pero bueno, está bien.
el de intoxicados, muy bueno.
lunes, 19 de mayo de 2008
Inexplicable
Uno de esos días en los que hay recitales por la legalización, en 2003, lo llevé a mi hermano a los bosques de Palermo a ver a "un grosso": tocaba Intoxicados. Y yo sabía que Pity era grosso. Pero había vuelto de España hacía sólo tres semanas. ¿Cómo sabía yo del Pity? ¿Ya lo admiraba en Barcelona? No que yo sepa.
miércoles, 14 de mayo de 2008
Dos
El otro día entré a mi aula en la facultad y en vez de la profesora titular estaba MK, el gran Martín Kohan, Martu. La clase fue increíble. Después vi Capusotto en lo de Javi, en el quinto techo, y entre los delirios estatales de Peter y los despertares de lo insólito siempre volvían, como breves flashes, los momentos de genialidad (pedagógica, ideológica) de mi profesor.
Prosa madrileña actual
Hola amiguetes:
Como todos los años, un irredento grupo de castizos nos reuniremos este jueves a celebrar un picnic lo menos fashion posible en el parque de San Isidro y así adorar al patrón de nuestra ciudad. Como de costrumbre, estais invitados a uniros, aunque seais de pueblo. Pasaremos el día en jovial reunión goyesca y al caer la oscuridad, estudiaremos la posibilidad de saltar la tapia del cementerio y grabar psicofonías.
La cita es a las 12.00h en Pº de la Ermita del Santo en la gasolinera de BP que hay detrás del cementerio y frente al parque. Metro: Laguna y Marqués de Vadillo.
Si hay dudas o alguien se incorpora más tarde que llame.
Adjunto programa de las fiestas de S. Isidro que procuraremos seguir al pie de la letra.
Salud.
ALX
PD: Traeros viandas!
martes, 6 de mayo de 2008
cosas que te pasan si dejás tu trabajo
ayer, lunes, fue mi primer dia posta posta sin trabajo. me desperté a las diez y pico, y me dediqué sobre todo a mejorar mi estado físico. desayuné, almorcé muy bien, fui al gimnasio. después volví a casa, me bañé y tomé un café con leche antes de salir para la facultad. me sentí dolores fonzi en plata quemada, cuando está en su dormitorio, tranquila y escuchando música, antes de que lleguen los malos. me faltaron veinte minutos, igual, para estar realmente tranquilo. caminé hasta carlos calvo y había justo un 126. empecé a correr, me dije mejor no, pero noté que mi cuerpo, gimnasio mediante, corría sin ningún esfuerzo. lo alcancé y llegamos a puan por pedro goyena.
igual, no son épocas fáciles. nada se termina con lágrimas.
igual, no son épocas fáciles. nada se termina con lágrimas.
jueves, 24 de abril de 2008
Las calles de la vida
La anécdota es conocida, sobre todo por mí: caía la noche en Jerusalén, el peligro empezaba a acechar y yo me encontraba en una parte de la ciudad vieja en la cual lo más conveniente era desaparecer. De repente vi a unos europeos y me les acerqué: eran franceses, estaban filmando un documental y me dijeron que si yo seguía por una callecita que se abría justo frente a nosotros iba a llegar al Muro de los Lamentos, desde donde sabía volver a mi hostal.
Recuerdo la callecita, a la que atravesaban en diagonal, o que atravesaba en diagonal, otras calles, más anchas y más transitadas por personas que habitaban la Biblia. En algunos momentos la calle no continuaba exactamente, sino que había que doblar un poco, esquivar un muro, para seguir por ella. Toda mi confianza estaba depositada en esa calle y en esos franceses. Que esa calle me llevase directa y rectamente a mi destino, independientemente de lo alucinante y retorcido que fuesen todas las otras calles y todos los otros muros, era una alegría.
Tiempo después me pasó lo mismo con la calle Pringles: en la complicadísima zona de la avenida Ángel Gallardo, yo sabía que Pringles iba a terminar sí o sí en Gorriti: era como un hilo de Ariadna que me sacaría de la brutal Villa Crespo, o como el hilo de oro que tira de la felicidad.
Pero lo de ayer, en la puerta de la casa de Marto, no fue menos que lo de Jerusalén: había pasado la medianoche, había clasificado Boca, yo tenía que volver a Boedo en bici. Como se sabe, estoy viviendo a una cuadra de avenida La Plata. Y parados en la puerta de su edificio, Marto levantó su brazo, abrió su mano y desplegó su dedo para decir: “ésa es Velasco, que después se transforma en Río de Janeiro y después en La Plata”. Crucé Corrientes, me metí en Velasco y, como en Jerusalén, seguí mi pacífica senda mientras a mi alrededor guerreaban las manzanas y los cuerpos.
Recuerdo la callecita, a la que atravesaban en diagonal, o que atravesaba en diagonal, otras calles, más anchas y más transitadas por personas que habitaban la Biblia. En algunos momentos la calle no continuaba exactamente, sino que había que doblar un poco, esquivar un muro, para seguir por ella. Toda mi confianza estaba depositada en esa calle y en esos franceses. Que esa calle me llevase directa y rectamente a mi destino, independientemente de lo alucinante y retorcido que fuesen todas las otras calles y todos los otros muros, era una alegría.
Tiempo después me pasó lo mismo con la calle Pringles: en la complicadísima zona de la avenida Ángel Gallardo, yo sabía que Pringles iba a terminar sí o sí en Gorriti: era como un hilo de Ariadna que me sacaría de la brutal Villa Crespo, o como el hilo de oro que tira de la felicidad.
Pero lo de ayer, en la puerta de la casa de Marto, no fue menos que lo de Jerusalén: había pasado la medianoche, había clasificado Boca, yo tenía que volver a Boedo en bici. Como se sabe, estoy viviendo a una cuadra de avenida La Plata. Y parados en la puerta de su edificio, Marto levantó su brazo, abrió su mano y desplegó su dedo para decir: “ésa es Velasco, que después se transforma en Río de Janeiro y después en La Plata”. Crucé Corrientes, me metí en Velasco y, como en Jerusalén, seguí mi pacífica senda mientras a mi alrededor guerreaban las manzanas y los cuerpos.
miércoles, 23 de abril de 2008
El amor y la Copa Libertadores
Hasta abril, en cualquier año, puede decirse que el elemento viajeroestival está bastante presente. Todavía se sienten los ecos de las vacaciones, del viaje que habitó en ellas, de los valles recorridos. Ese influjo del paisaje vivido todavía destila su quehacer vital y poético sobre una vida que empieza a agarrar los ritmos del invierno, sus solitarias rutinas, su té reparador.
Allí donde el pasado se mezcla con la virtualidad, donde las fronteras entre lo que queremos, lo que podemos y lo que hacemos desaparecen, allí aparece la exacta línea divisoria, el terreno común de la expectativa, la Copa Libertadores, el amor, la mismísima esfera de nuestro deseo.
Estando aún en abril no debemos olvidarnos de nuestros sueños y montañas de enero. Pero ¿cómo recuperar esos sueños y esas montañas cuando nuestra realidad se compone de tediosas horas de trabajo y de viajar en un colectivo número 15 absolutamente abarrotado? ¿No será demasiado tarde para nuestros sueños, para nuestras montañas? El 15 me deja debajo de la autopista.
Fox Sports es una cosa hermosa. Los anuncios de los partidos son así, por ejemplo: “Martes 25. Buenos Aires. Lanús se enfrenta a la Liga de Quito, y tiene que ganar…”. El lugar no es un simple dato: es el flash mismo del partido. Ocupa el lugar que le corresponde.
Vi a San Lorenzo jugando en Potosí, abajo del cerro, con el frío chuquisaqueño. Vi un partido de Cienciano, entre las montañas de Cuzco que tan bien conozco.
Cada partido de la Copa es un momento de este año. No por el partido en sí, sino porque mi vida es fácilmente ubicable respecto de cada partido. Cada partido es [fue] un estado en la relación de pareja y una relación con el viaje que esa pareja construyó y que construyó esa pareja.
La Copa Libertadores empezó el año conviviendo con el espacio que yo habitaba (Chile, Arequipa, Cuzco, La Paz) y ahora convive con la noche, la autopista, el refrescar del viento, la bicicleta y el 15. Es el deslizamiento por el tiempo y el espacio, además de signo del nexo con el viaje y con la pareja.
¿Será casualidad? El partido que Boca jugó en Venezuela, el primero que jugó en la Copa, lo vislumbré en sus minutos finales en Almagro, en febrero, cuando hacía un calor pseudovenezolano y ese calor era también el calor de la convicción. El partido en Santiago de Chile lo vi en Mendoza, en el aire frío que rodea la cordillera, con el frío aire de la duda.
¿Contra quién jugaremos en la siguiente ronda? ¿Cuáles serán las postas del camino?
Allí donde el pasado se mezcla con la virtualidad, donde las fronteras entre lo que queremos, lo que podemos y lo que hacemos desaparecen, allí aparece la exacta línea divisoria, el terreno común de la expectativa, la Copa Libertadores, el amor, la mismísima esfera de nuestro deseo.
Estando aún en abril no debemos olvidarnos de nuestros sueños y montañas de enero. Pero ¿cómo recuperar esos sueños y esas montañas cuando nuestra realidad se compone de tediosas horas de trabajo y de viajar en un colectivo número 15 absolutamente abarrotado? ¿No será demasiado tarde para nuestros sueños, para nuestras montañas? El 15 me deja debajo de la autopista.
Fox Sports es una cosa hermosa. Los anuncios de los partidos son así, por ejemplo: “Martes 25. Buenos Aires. Lanús se enfrenta a la Liga de Quito, y tiene que ganar…”. El lugar no es un simple dato: es el flash mismo del partido. Ocupa el lugar que le corresponde.
Vi a San Lorenzo jugando en Potosí, abajo del cerro, con el frío chuquisaqueño. Vi un partido de Cienciano, entre las montañas de Cuzco que tan bien conozco.
Cada partido de la Copa es un momento de este año. No por el partido en sí, sino porque mi vida es fácilmente ubicable respecto de cada partido. Cada partido es [fue] un estado en la relación de pareja y una relación con el viaje que esa pareja construyó y que construyó esa pareja.
La Copa Libertadores empezó el año conviviendo con el espacio que yo habitaba (Chile, Arequipa, Cuzco, La Paz) y ahora convive con la noche, la autopista, el refrescar del viento, la bicicleta y el 15. Es el deslizamiento por el tiempo y el espacio, además de signo del nexo con el viaje y con la pareja.
¿Será casualidad? El partido que Boca jugó en Venezuela, el primero que jugó en la Copa, lo vislumbré en sus minutos finales en Almagro, en febrero, cuando hacía un calor pseudovenezolano y ese calor era también el calor de la convicción. El partido en Santiago de Chile lo vi en Mendoza, en el aire frío que rodea la cordillera, con el frío aire de la duda.
¿Contra quién jugaremos en la siguiente ronda? ¿Cuáles serán las postas del camino?
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